Lisseth Moreno: el profesionalismo como forma de vida
- FF Colombia

- 20 ene
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Hablar con Lisseth Moreno es encontrarse con una futbolista que piensa su carrera con la misma seriedad con la que la ha construido. Cuando se le pide que se describa para quienes no conocen su recorrido, no acude a grandes etiquetas ni a discursos grandilocuentes. Se define como una jugadora disciplinada, comprometida con sus objetivos y profundamente apasionada por el fútbol. Para ella, el profesionalismo no es un título que se obtiene al firmar un contrato, sino una forma de vivir y entender el deporte.
A partir de su experiencia, Lisseth comparte cómo ha sido su camino en el fútbol colombiano, qué significa para ella el profesionalismo, cómo ha vivido la liga femenina y cuáles son los desafíos que aún enfrenta el fútbol femenino, dejando además un mensaje para quienes hoy sueñan con ser futbolistas profesionales.
Inicios y primeros pasos en el fútbol
Lisseth empezó a jugar fútbol cuando apenas tenía siete años, en una época en la que imaginar a una mujer como futbolista profesional en Colombia parecía casi imposible. No había liga, no había referentes visibles ni promesas claras de futuro. “En ese momento no había indicios de absolutamente nada”, recuerda, al hablar de unos primeros años marcados por la incertidumbre.
Antes de afianzarse definitivamente en el fútbol, pasó por distintos deportes junto a su hermana gemela, Mayra. Sin embargo, fue en la cancha donde encontró un lugar propio. Como muchas niñas de su generación, sus primeras experiencias futbolísticas fueron junto a niños. En su caso, acompañando a su hermano mayor, Javier, quien la llevaba a jugar con sus amigos al parque. Allí aprendió a competir, a resistir y, sobre todo, a no abandonar. “Había mucho machismo, muchos comentarios, y yo lo viví”, dice, con la naturalidad de quien entendió desde temprano que el fútbol femenino también se ha construido desde la resistencia.
A pesar de ese entorno hostil, su vínculo con el fútbol nunca se rompió. Por el contrario, se fortaleció. La ilusión crecía a la par que Lisseth se afianzaba en el juego. No jugaba por reconocimiento ni por expectativas externas, sino por una necesidad profunda de estar en la cancha, de sentirse parte de ese espacio que, aunque adverso, ya le pertenecía.
En ese contexto, su mayor objetivo no era llegar a un estadio lleno ni levantar trofeos, sino algo mucho más sencillo y simbólico: “Yo lo único que quería era jugar con niñas”. Ese deseo se materializó cuando llegó a la Selección Bogotá, un espacio que transformó su manera de verse a sí misma dentro del deporte. Después de varios años entrenando exclusivamente con hombres, recuerda que “fue la primera vez que vi un equipo solo de niñas, y ahí dije: aquí es donde quiero estar”. Ese momento no solo significó pertenecer, sino también comprender que el fútbol podía ser un proyecto posible, algo que disfrutaba y que sentía como propio. Además, ser zurda —una característica poco común en ese momento— empezaba a marcar una diferencia en su forma de jugar.
Ese proceso la llevó posteriormente a vestir la camiseta de la Selección Colombia Sub-17, con la que se consagró campeona sudamericana en 2008. Sin embargo, Lisseth evita romantizar ese logro. “No ha sido un camino sencillo, ni siquiera para las jugadoras que hemos estado en Selección”, afirma, dejando claro que detrás de cada convocatoria hay años de esfuerzo, sacrificio y una disciplina que pocas veces se ve.
De aquella generación campeona surgió, junto al entonces entrenador Pedro Rodríguez y otras jugadoras convocadas, la idea de crear clubes femeninos que permitieran darle continuidad al proceso. Así nació Besser, y con ello una nueva etapa en el camino de Lisseth, marcada por más retos deportivos. De esa época recuerda los partidos de los fines de semana en La Morena, donde se enfrentaban los distintos equipos. “Ese era nuestro profesional”, decía, una frase que resume cómo, incluso sin estructura formal, la competencia ya se asumía con total seriedad.
Trayectoria y recorrido en la liga
Después de sus años en clubes aficionados y en las selecciones de Bogotá y Colombia en categorías juveniles, Lisseth se enfrentó a una de las decisiones más comunes —y complejas— en el ámbito deportivo: elegir entre los estudios o el deporte. En su caso, optó por no renunciar a ninguno de los dos. Gracias a una beca obtenida tras el campeonato suramericano, ingresó a la Universidad Sergio Arboleda, donde inició su primera carrera profesional como comunicadora social y periodista.
El fútbol, sin embargo, nunca quedó en segundo plano. Mientras estudiaba, la universidad le ofreció la posibilidad de seguir compitiendo, pues ya se había consolidado como un club con participación activa en torneos. Así, Lisseth continuó jugando no solo a nivel universitario, sino también en la Liga de Bogotá, sosteniendo un doble rol que exigía disciplina, organización y constancia.
Tras graduarse en 2015 y con el deseo intacto de seguir en la cancha, comenzó la búsqueda de un club que le permitiera mantenerse en competencia. Fue entonces cuando llegó a Future Soccer, un equipo clave en su carrera. A través de este club se estableció el convenio con Independiente Santa Fe que daría origen, en 2017, al equipo profesional femenino en la primera liga del país. En ese proceso, Lisseth formó parte del plantel campeón, siendo parte de un momento histórico para el fútbol femenino colombiano.
Con el paso del tiempo, Lisseth Moreno fue construyendo una trayectoria amplia dentro del fútbol profesional. Independiente Santa Fe, América de Cali, Millonarios, Junior de Barranquilla y Llaneros hacen parte de un recorrido que no solo habla de experiencia deportiva, sino también de una constante capacidad de adaptación. “Cada club me dejó aprendizajes distintos, no solo futbolísticos, sino también personales”, explica.
Cada ciudad y cada equipo representaron un desafío diferente. En América de Cali encontró un entorno exigente, pero cercano; en Millonarios, una estructura más rígida y profesional, acorde al ritmo de Bogotá; en Barranquilla, una manera distinta de vivir el fútbol y el día a día. “Esos contrastes me ayudaron a tener una mente más abierta, a entender la diversidad que existe dentro del fútbol colombiano y a amar cada vez más a mi país”, señala.
Aun así, reconoce que la carrera de una futbolista está atravesada por decisiones complejas. Cambiar de equipo, asumir nuevos retos y adaptarse a contextos desconocidos hacen parte del camino. “Hay momentos en los que toca dar saltos de fe”, dice, al referirse a elecciones que no siempre se toman desde la comodidad, pero que resultan necesarias para seguir creciendo.
El profesionalismo: ¿Qué es ser futbolista profesional en Colombia?

Cuando Lisseth habla de profesionalismo, lo hace desde la experiencia y la reflexión, para ella, el profesionalismo no se reduce a una firma ni a un contrato vigente. Es una construcción diaria que empieza mucho antes de pisar una cancha y continúa incluso cuando no hay liga en curso. Ser profesional, dice, implica una forma de habitar el fútbol y también la vida: entrenar con constancia, cuidar el cuerpo, respetar los procesos y asumir que cada decisión —dentro y fuera del campo— tiene consecuencias.
Habla del cuidado de la imagen no como una imposición externa, sino como una responsabilidad colectiva. La futbolista profesional no solo se representa a sí misma, también abre o cierra caminos para las que vienen detrás. Por eso insiste en la importancia del ejemplo: entrenar incluso cuando no hay contrato, sostener la disciplina cuando nadie está mirando, entender que el fútbol femenino todavía se construye desde pequeños gestos cotidianos.
El entrenamiento, para ella, no termina con la práctica del equipo. Está en el descanso, en el sueño, en la alimentación y en la recuperación. Recuerda cómo con los años entendió que el rendimiento no depende solo del talento, sino del cuidado integral del cuerpo. Dormir bien, comer mejor, respetar los tiempos de descanso y sostener rutinas que, aunque exigentes, se vuelven parte natural del día a día. “Eso también es disfrutar el fútbol”, dice, porque es la manera de prolongar la carrera y mantenerse competitiva.
Pero Lisseth subraya que el profesionalismo también se juega en la cabeza. La salud mental aparece como uno de los mayores retos: competir por un puesto, mantenerse entre las once, convivir con la incertidumbre contractual y con las lesiones posibles. En ese proceso, cada jugadora debe aprender a sostenerse a sí misma. En su caso, la fe, la familia y el equilibrio emocional han sido herramientas fundamentales para atravesar momentos difíciles y no perder el sentido de lo que hace.
Ser profesional en Colombia, reconoce, no ha sido fácil. La inestabilidad laboral, los procesos interrumpidos y la falta de garantías siguen siendo parte de la realidad del fútbol femenino. Sin embargo, Lisseth cree que el cambio también empieza desde las propias jugadoras: cuidar la imagen, entrenar con seriedad, exigir desde el ejemplo y demostrar que el fútbol femenino no es un gasto, sino una inversión. Que el profesionalismo no se proclama, se sostiene.
La liga profesional y lo que sigue.
La llegada de la liga profesional femenina marcó un antes y un después en la historia del fútbol colombiano y en la vida de Lisseth Moreno. Mientras realizaba su trabajo de grado, investigó sobre la posibilidad de que existiera una liga profesional para las mujeres. Poco tiempo después, esa idea dejó de ser una hipótesis académica para convertirse en una realidad. “Yo estaba escribiendo sobre la profesionalización del fútbol femenino y años después ya la estaba viviendo como jugadora”, recuerda.
Para Lisseth, la liga no es un punto de llegada, sino un proceso en construcción. “Esto no apareció de la noche a la mañana; hubo muchas jugadoras que sostuvieron el fútbol cuando no había nada”, afirma, consciente de que el presente del fútbol femenino se apoya en años de resistencia silenciosa. Desde su mirada, el reto ahora es fortalecer lo que ya existe, mejorar las condiciones y garantizar estabilidad para las nuevas generaciones.
Al hablar del presente y el futuro del fútbol femenino en Colombia, Lisseth introduce una palabra que resume su mirada crítica: dolientes. Para ella, el crecimiento de la liga no depende únicamente de que exista un calendario o de que se juegue cada año, sino de que haya personas e instituciones que se comprometan de verdad con el proceso. “Al fútbol femenino le faltan dolientes”, dice, refiriéndose a quienes estén dispuestos a asumirlo como un proyecto serio, constante y a largo plazo.
Desde su experiencia, reconoce avances importantes, pero también vacíos estructurales que siguen repitiéndose. Temporadas cortas, procesos que se interrumpen y decisiones que no siempre priorizan a las jugadoras. En ese contexto, los dolientes no son solo dirigentes o patrocinadores: también son entrenadores, cuerpos técnicos, medios y afición que entienden que el fútbol femenino necesita tiempo, inversión y convicción para consolidarse.
Lisseth insiste en que el compromiso no puede aparecer solo cuando hay resultados. Cuidar la liga implica sostenerla incluso en los momentos difíciles, creer en los procesos y respetar el trabajo de las futbolistas. “Esto no se construye de un día para otro”, señala, recordando que muchas jugadoras han mantenido vivo el fútbol femenino cuando no había contratos, visibilidad ni garantías.
Para ella, el futuro de la liga está directamente ligado al profesionalismo colectivo: instituciones más responsables, proyectos deportivos claros y un entorno que acompañe a las jugadoras dentro y fuera de la cancha. Solo así, dice, el fútbol femenino dejará de sobrevivir para empezar, verdaderamente, a crecer.
Al dirigirse a las nuevas generaciones, Lisseth es clara en que el camino todavía no está terminado, pero también reconoce que hoy existen oportunidades que antes no estaban. “Ahora hay espacios que a nosotras nos hubiera encantado tener”, dice, con la conciencia de quien abrió camino cuando casi no había nada. Por eso insiste en que aprovechar esas oportunidades debe ser una prioridad. El talento, explica, no basta si no va acompañado de compromiso y disciplina. Su mensaje es de ánimo, pero también de responsabilidad: creer en los sueños, trabajar por ellos y sostenerlos en el tiempo. “Los sueños se cumplen, pero hay que trabajar por ellos”, afirma. Y añade una idea que atraviesa toda su historia: “Hay que creer en Dios, pero también ser diligentes”. Porque para Lisseth, el profesionalismo empieza mucho antes de llegar a la cancha: empieza en la constancia, en el esfuerzo diario y en la convicción de que los sueños, cuando se trabajan, pueden hacerse realidad.
Hoy, Lisseth se sigue reconociendo como futbolista activa, pero también como una mujer que piensa el fútbol desde múltiples lugares. Al hacer balance de su recorrido, destaca los vínculos construidos en el camino, las amistades que dejó el deporte y las lecciones aprendidas dentro y fuera de la cancha. “Más que compañeras, me quedaron amigas”, dice.
Lo que sigue para Lisseth Moreno es continuar ligada al fútbol desde el lugar que siempre ha habitado: la cancha. Recientemente fue anunciada como nueva jugadora del Deportivo Cali, actual campeón de la liga, un paso que confirma la vigencia de su carrera y su compromiso con el profesionalismo. Desde allí, seguirá aportando no solo desde el juego, sino también desde la experiencia, el conocimiento y la reflexión que ha construido a lo largo de los años.
Su historia es la de una generación que creyó cuando no había certezas, que resistió cuando no había garantías y que hoy sigue empujando los límites del fútbol femenino colombiano. Una historia donde el profesionalismo no se mide solo en contratos, sino en convicción, constancia y en la capacidad de sostener un sueño en el tiempo.
Redacción: Mariana López Martínez (@mariloma_410)




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