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Allison Olave: la guardiana de un sueño que hoy se hace Mundial

Foto: RRSS
Foto: RRSS

Cuando era apenas una niña rodeada de balones y juegos con los chicos del barrio, Allison Olave ya sabía que su vida estaría marcada por el fútbol sala. Noble, soñadora y apasionada, imaginaba primero poder jugar en un equipo femenino —algo poco común en ese entonces— y, más allá, alcanzar el sueño lejano de ser profesional. Hoy, desde Filipinas, ese anhelo se ha vuelto realidad: es arquera de la Selección Colombia en el primer Mundial FIFA de futsal femenino.

 

Su historia no comenzó bajo los tres palos. Allison jugaba en la cancha como cualquier otra, hasta que un torneo intercolegiado cambió su destino. El equipo no tenía arquera y ella, sin dudarlo, decidió ocupar ese lugar. Desde entonces nunca volvió a salir del arco. Allí descubrió que ser portera no era solo un rol, sino una identidad: la de quien brinda seguridad, serenidad y confianza al equipo.

 

Foto: Vagner Marques
Foto: Vagner Marques

En ese camino, su familia fue el apoyo constante y Patricia Puchigay, histórica portera de la Selección Colombia de fútbol de salón, se convirtió en referente. Crecer en un deporte que aún lucha por visibilidad femenina fue para Allison una oportunidad de aprendizaje y resiliencia. Cada club, cada convocatoria, cada entrenamiento le permitió afianzar talentos y ponerlos al servicio de un sueño colectivo: que el futsal femenino colombiano ocupe el lugar que merece.

 

Su preparación ha sido rigurosa. Con el paso del tiempo, entrenadores y profesionales le han brindado herramientas técnicas y mentales. Allison aprendió a mejorar su diálogo interno, a respirar serenidad en los momentos de presión y a convertir la tranquilidad en su sello personal. Antes de cada partido, se cuelga del arco, respira cinco segundos, se persigna y se entrega al juego. En segundos de tensión, se repite palabras que son casi un mantra: serenidad, entendimiento, seguridad.

 

El camino hacia la Selección Colombia fue fruto de años de intercolegiados, de competir junto a un grupo de cinco chicas que abrieron puertas en Bogotá y luego en escenarios nacionales. Vestir por primera vez la camiseta tricolor fue un momento que Allison nunca olvidará: “Sentí orgullo, amor, alegría, mucha más pasión por la disciplina, responsabilidad. Y una oportunidad de superación y crecimiento personal”.

 

Allison junto a compañeras de la Selección Colombia Foto: RRSS
Allison junto a compañeras de la Selección Colombia Foto: RRSS

Aunque una lesión la dejó fuera de la Copa América, vivió con alegría el tercer puesto de sus compañeras, convencida de que ese logro era el impulso para llegar al Mundial. Su carrera también la llevó a Europa, con el AD Ceuta, donde enfrentó desafíos de visibilidad y adaptación cultural. Pero cada paso, cada experiencia, la fortaleció. Por eso, cuando recibió la noticia de su convocatoria al Mundial, las emociones se desbordaron: orgullo, alegría inmensa y la certeza de que representaría los colores de su país en el escenario más grande de la historia del futsal femenino.

 

Hoy, en Filipinas, Allison se prepara con responsabilidad y serenidad. Trabaja en microciclos que pulen detalles técnicos y posicionales, mientras la psicología deportiva refuerza su mentalidad positiva. Sabe que la emoción es grande, pero también que la concentración será clave.

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