Carmen Cordero: la resiliencia hecha fútbol
- Fútbol Femenino Colombia
- 12 ago
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Por: Lorena Montaño

La historia de Carmen Cordero es la de una mujer que aprendió a escuchar su corazón y a seguir sus sueños, incluso cuando el camino parecía imposible. Desde niña, el fútbol fue su refugio, pero fue después de terminar sus estudios universitarios cuando tomó la decisión definitiva: dedicar su vida a la pelota.
“Después de terminar mis estudios en la universidad supe que quería dedicarme al fútbol”, recuerda con firmeza.
No fueron pocas las veces que escuchó comentarios que intentaban limitarla: “el fútbol no es para mujeres”. Carmen eligió no responder con palabras, sino con hechos. “En ese momento callé y solo quería demostrar que nosotras como mujeres podemos jugar al fútbol y hacer todo lo que nos propongamos”. Hoy, si pudiera abrazar a esa niña que empezó a correr detrás de un balón, le diría simplemente: “Gracias por creer”.

El camino hacia el profesionalismo estuvo lleno de sacrificios. Con la ayuda de Dios, enfrentó momentos de duda y frustración. “Querer las cosas rápidas y ver que no se daban me hizo pensar que esto no era lo mío”, confiesa. La falta de recursos económicos fue uno de los mayores obstáculos, pero nunca suficiente para apagar su fe ni su pasión.
La vida le abrió una puerta inmensa: dejar Colombia y asumir el reto de jugar en un club histórico como Olimpia de Paraguay. “Es una bendición y una oportunidad enorme que me permite ir creciendo poco a poco en lo que amo”, dice con gratitud. Sus primeros goles en el torneo no solo significaron puntos para el equipo, sino también un recordatorio de que los sueños se cumplen. “El primero lo había pedido en oración un tiempo atrás y llegó en el momento que no lo esperaba”.
Cordero se describe como una jugadora rápida, capaz de defender y atacar, con hambre de arco y potencia para rematar. Reconoce la influencia de la profesora Yinaris García en su carrera, y aunque adaptarse a Paraguay le exigió enfrentar las altas temperaturas, lo más difícil ha sido estar lejos de su familia, de las comidas que tanto disfruta y de los amigos que dejó en Colombia.
“El fútbol diría de mí que soy una persona resiliente”, asegura. Y Carmen lo confirma cada vez que pisa la cancha, sabiendo que representa a su país y que tiene la responsabilidad de dejar en alto el nombre del fútbol colombiano.

Su sueño sigue intacto: vestir la camiseta de la selección y dar el salto al fútbol europeo. Mientras tanto, su mensaje para las niñas que sueñan con ser futbolistas es claro y poderoso: “Sueñen en grande y crean, porque las bendiciones del Señor son inmensas”.
Carmen Cordero no solo juega al fútbol. Inspira, resiste y demuestra que la fe, la disciplina y la pasión pueden convertir cualquier sueño en realidad.



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