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Camila Russi: "Mi sueño más grande, incluso sobre un Mundial, es jugar unos Juegos Olímpicos"

Por: Ana Castro Muñoz


Foto: Camila Russi
Foto: Camila Russi

De Villavicencio a la Selección Colombia, de Uruguay a Internacional de Bogotá. A sus 22 años, Camila Russi ha construido una carrera marcada por experiencias poco comunes, como integrar el histórico equipo de Llaneros que representó a Colombia en la Copa Libertadores de fútbol sala mientras competía simultáneamente en el fútbol profesional. En esta entrevista con FutFem Colombia, la futbolista repasó los momentos que definieron su camino, los sacrificios detrás de cada logro y el propósito que hoy impulsa su fundación: cambiar vidas a través del deporte.


Camila Russi tenía apenas siete años cuando el fútbol llegó a su vida. No fue una decisión planeada ni el inicio de un sueño que pareciera extraordinario. Fue, más bien, una solución familiar. Mientras sus padres estudiaban y trabajaban, su mamá asistía a clases en la Universidad Cooperativa de Colombia y ella entrenaba en el club de fútbol de la institución. De hecho, en su primer entrenamiento, mientras todos los niños vestían el uniforme verde y blanco del equipo y guayos, Camila saltó a la cancha con una camiseta de Hello Kitty y unos tenis. Al terminar la jornada, madre e hija se reencontraban para regresar juntas a casa.


En aquel equipo era una de las únicas dos niñas entre decenas de niños. Compartía entrenamientos y competencias con una compañera que, según recuerda, se convirtió en su principal apoyo en una época en la que jugar fútbol siendo mujer todavía parecía una excepción.


Su talento no tardó en llamar la atención. Cuando tenía entre 10 y 11 años, el entrenador Diego Jacir la observó durante un partido y quedó sorprendido por su nivel. Tanto que, en pleno encuentro, le pidió que cambiara de camiseta y jugara para el otro equipo. Ese día disputó un mismo partido con dos uniformes distintos. Poco después ingresó a los procesos de la Selección Meta y comenzó a recorrer un camino que la llevaría a representar al país.


Foto: Camila Russi
Foto: Camila Russi

A los 14 años llegó uno de los momentos que marcarían su carrera: la convocatoria a la Selección Colombia Sub-17 para disputar el Sudamericano de San Juan, Argentina. En un torneo repleto de futbolistas mayores, Camila era la más joven de todas las participantes. Detrás de ella aparecía otra promesa del fútbol colombiano, Gisela Robledo, quien también tenía 14 años, pero era algunos meses mayor. Aquel campeonato terminó con la clasificación de Colombia al Mundial y con la confirmación de que la llanera estaba lista para competir al más alto nivel.


Los logros para ella siguieron acumulándose. Fue la primera mujer en ganar el Juventus Camp Colombia, una experiencia que la llevó a conocer las instalaciones del club italiano en Turín. Más adelante, con apenas 15 años, superó las pruebas de Independiente Santa Fe y dio el salto al profesionalismo.


Su carrera continuó por Millonarios y Llaneros, club con el que protagonizó uno de los capítulos más especiales de su trayectoria. En 2024, el equipo ganó la pre-Libertadores de fútbol sala y representó a Colombia en la Copa Libertadores de la disciplina, mientras simultáneamente competía en el fútbol profesional. Una experiencia poco común que marcó un precedente para la institución y para sus jugadoras.


Sin embargo, detrás de cada paso existieron sacrificios que pocas veces aparecen en las estadísticas.


Cuando fue convocada a las pruebas de Santa Fe, su familia atravesaba dificultades económicas. Aun así, sus padres hicieron todo lo posible para que pudiera asistir. Se hospedaron en una casa prestada lejos del lugar de entrenamiento y cada mañana salían antes del amanecer para atravesar Bogotá en TransMilenio.


“-¿Usted quiere ir? ¿Usted se lo va a ganar?

-Si pa, yo me lo voy a ganar.”, recuerda que le dijo a su padre.


Hoy, al mirar atrás, Camila reconoce que el apoyo de su familia fue determinante. También el de su hermana menor, quien prácticamente creció entre estadios, canchas y viajes acompañando cada etapa de su proceso deportivo.


Russi fue la primera mujer en ganar el Juventus Camp Colombia y con ello pudo conocer las instalaciones del equipo 'Bianconero'. Foto: Camila Russi
Russi fue la primera mujer en ganar el Juventus Camp Colombia y con ello pudo conocer las instalaciones del equipo 'Bianconero'. Foto: Camila Russi

Pero si hay algo que transformó su visión del fútbol fue comprender que el deporte también puede ser una herramienta social.


Con el paso de los años escuchó historias de compañeras que sufrieron situaciones de abuso, manipulación o vulneración de derechos en su camino hacia el alto rendimiento. Al mismo tiempo, observó las necesidades de muchos niños y niñas en sectores vulnerables de Villavicencio. Así nació su fundación.


La iniciativa busca construir entornos seguros para niños y niñas. Su principio es contundente: “Los niños y las niñas no se tocan”. A través del deporte buscan brindar acompañamiento, entregar implementos deportivos y ofrecer apoyo jurídico cuando los derechos de los menores son vulnerados.


Pero la fundación no solo trabaja desde la prevención. También busca generar oportunidades a través del deporte. Su lema, “Cambiando vidas a través del deporte”, resume una convicción que Camila ha construido a lo largo de los años: el fútbol puede ser mucho más que una competencia o una carrera profesional. Puede convertirse en una herramienta para formar ciudadanos, alejar a los jóvenes de contextos de violencia y ofrecerles oportunidades que muchas veces parecen inalcanzables.


Esa idea tomó aún más fuerza durante una actividad realizada en una zona vulnerable de Villavicencio. Allí encontró niños con problemas de desnutrición y sin zapatos. Fue una realidad que la golpeó profundamente y que reafirmó el propósito de la fundación: utilizar el deporte para abrir caminos donde antes parecía no haberlos.


Actualmente, Camila defiende los colores de Internacional de Bogotá, un proyecto que, según explica, ha elevado las condiciones de trabajo para las futbolistas y ha apostado por una formación integral de las deportistas. Allí aporta liderazgo, comunicación y una mentalidad que define como propia de la gente del Llano: no rendirse nunca.


Aunque sueña con volver a la Selección Colombia de mayores, jugar en otro continente y disputar unos Juegos Olímpicos, Camila tiene claro que su legado no dependerá únicamente de lo que consiga dentro de la cancha.


Cuando habla del futuro, no menciona títulos ni estadísticas. Prefiere hablar de la fundación que creó en Villavicencio y del impacto que espera generar en la vida de otros niños y niñas. Quiere que el deporte sea un espacio seguro, una oportunidad de crecimiento y una herramienta para transformar realidades.


En Llaneros la mediocampista no solo destacó en fútbol campo, también lo hizo en fútbol sala, representando al equipo en la Conmebol Libertadores de Futsal 2024. Foto: Camila Russi
En Llaneros la mediocampista no solo destacó en fútbol campo, también lo hizo en fútbol sala, representando al equipo en la Conmebol Libertadores de Futsal 2024. Foto: Camila Russi

Por eso, cuando piensa en cómo le gustaría ser recordada, habla de integridad. De ser una futbolista que abrió caminos para quienes vienen detrás y que entendió que el éxito también se mide por el ejemplo que se deja fuera del campo.


Al final, la historia de Camila Russi no es solamente la de una niña que llegó a la Selección Colombia. Es la de una mujer que encontró en el fútbol una forma de cambiar su vida y que ahora trabaja para que ese mismo deporte pueda cambiar la de otros.


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